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lunes, 25 de mayo de 2009
lunes, 18 de mayo de 2009
La vocacion

La Vocación del maestro está sabiamente traducida por aquella pieza de prosa conmovedora de Gabriela Mistral titulada "LA ORACIÓN DE LA MAESTRA". Dice la maestra de provincia dirigiéndose a lo Divinal, al Maestro Secreto:
"Dame el Amor único de mi escuela: que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes. Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de mal entendida justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren, no me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé. Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame alcance a hacer una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarle clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más. Muéstrame posible tu evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él."
El individuo da con su Vocación por una de estás tres vías. Primera: el AUTO-DESCUBRIMIENTO DE UNA CAPACIDAD ESPECIAL. Segunda: LA VISIÓN DE UNA NECESIDAD URGENTE. Tercera: LA MUY RARA DIRECCIÓN DE LOS PADRES Y MAESTROS que descubrieron la Vocación del alumno o alumna mediante la observación de sus aptitudes.
La vocación a la vida cristiana se hace concreta en diferentes estados y condiciones de vida. Podemos encontrar una primera gran distinción en la forma de vivir la vida cristiana, ya en el celibato ya en el matrimonio. En torno a esto ha habido muchos errores, que hoy felizmente se van superando entre personas maduras en la fe. Sin embargo, no parece que se esté libre de que los antiguos disparates se reaviven o surjan otros nuevos. Precisamente el secularismo y el consumismo, y más aún una visión erotizada de la existencia presentan en no pocos ambientes una casi compulsividad social hacia el matrimonio o hacia sus inaceptables sustitutos como son uniones extra-maritales, el llamado «amor» libre, la poligamia u otras deformaciones que desconocen la gran dignidad del matrimonio. No seguir tales caminos suele convertir a la persona que así procede en blanco de censuras. Y es que una de las trágicas características de la cultura de muerte, lamentablemente predominante, es la erotización extrema de la vida.
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